125 años (II)

 

Fachada del Asilo (Avenida Blas Infante,16, esquina José Román) Fecha de la imagen Enero 2025

    Proyectado y construido en una ciudad cuya población era poco más de 12.500 habitantes a principios de 1905, fruto de la solidaridad de un pueblo, el Asilo acogió a los primeros residentes a finales de junio de 1914, casi nueve años después de la colocación de la primera piedra. También en junio, pero en 1999, ochenta y cinco años después, los ancianos y las religiosas dejaron para siempre el viejo edificio.

        Pese a ser parte imprescindible de la historia social de la ciudad, cuando, a finales del pasado siglo, se llevó a cabo la revisión del Plan General de Ordenación Urbana, los redactores de la nueva propuesta de planeamiento – aunque incluyeron como elemento de valor ambiental sus jardines que dan frente a la Avenida Blas Infante– no encontraron ni en el edificio ni en sus dependencias méritos suficientes –ni artísticos, ni históricos, ni tan siquiera sentimentales– para incorporarlo al catálogo de edificios que conservar.

    Carente de la protección que implica la inclusión en el catálogo del patrimonio arquitectónico, huérfano de la preocupación y el interés por su conservación mostrados por las Hermanas, desde el momento en que pasó a ser – no sé a qué precio – propiedad municipal, abandonado a su suerte, el deterioro del Asilo se hizo evidente.

    Destinado a equipamiento comunitario, inaugurado en su día como centro universitario, convertido hoy en un lugar tétrico e insano, el edificio del Asilo es un cajón de sastre donde tienen su sede la Escuela de Turismo, el Aula del Estrecho, el Ateneo, un par de Hermandades de Penitencia, Barrio Vivo, y alguna otra organización que se me queda en el tintero.

    Cada uno a su aire, en la medida de sus posibilidades y en función de sus necesidades, hace el uso que puede de los espacios concedidos, soportando inconvenientes y carencias de todo tipo, y todos en precario, amenazados por el desahucio, porque el edificio parece irremediablemente condenado a la ruina.

    Acostumbrado a vender bienes comunes, el gobierno municipal ha sido incapaz, hasta ahora, de elaborar una propuesta adecuada que permita dar un uso integral a un edificio cuyo volumen ha desbordado su capacidad de gestión. Sin embargo, el centenario de la colocación de la primera piedra le ofrece la oportunidad de atender las demandas sociales que reclaman su compromiso con la rehabilitación del Asilo, ofreciendo en él un proyecto cultural serio y coherente, que garantice la continuidad y mantenga vivo y en pie un elemento singular de nuestro patrimonio histórico.

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